Cuando ocurre un accidente de circulación, en términos generales, la legislación española establece un criterio de responsabilidad objetiva. Ello significa que el conductor del vehículo, por el simple riesgo creado al conducir un vehículo a motor, responderá por los daños causados al margen que haya sucedido interviniendo culpa o negligencia.

Culpa exclusiva

El artículo 1.1 del Decreto Legislativo 8/2004, de 29 de octubre, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor, así lo establece: “El conductor de vehículos a motor es responsable, en virtud del riesgo creado por la conducción de estos, de los daños causados a las personas o en los bienes con motivo de la circulación”.

Sin embargo, el régimen de responsabilidad establecido en materia de circulación de vehículos a motor puede matizarse según el tipo de daño generado, ello es, daños personales o daños materiales.

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